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La Juventud


La juventud no es un periodo de la vida,
es un estado del espíritu,
un efecto de la voluntad,
una cualidad de la imaginación,
una intensidad emotiva,
una victoria del valor sobre la timidez,
del gusto, de la aventura,
sobre el amor, el confort.

Uno no se vuelve viejo por haber vivido
un cierto número de años.
Se vuelve viejo
porque ha desertado de sus ideales.
Los años arrugan la piel,
pero renunciar a un ideal arruga el alma.

Las preocupaciones, las dudas,
los temores y las desperanzas
son los enemigos que lentamente
nos hacen inclinar hacia la tierra
y convertirnos en polvo antes de la muerte.

Joven es el que se asombra y se maravilla...
el que pregunta como niño: "¿Y después...?"
Joven es el que desafía los acontecimientos
y encuentra alegría en el juego de la vida.

Las pruebas lo galvanizan,
los fracasos le vuelven más fuerte,
las victorias le vuelven mejor.

Eres joven como tu fe,
tan viejo como tu duda,
tan joven como la confianza que tengas en ti mismo,
tan viejo como tu desesperanza
y más viejo aún como tu abatimiento.

Permanecerás joven
tanto como permanezcas verdaderamente generoso;
tanto como sientas el entusiasmo de dar
algunas cosas de ti,
pensamientos, palabras o bien;
tanto como el hecho de dar
te de la impresión de recibir,
y por consiguiente de siempre
estar debiendo y desear más.

Permanecerás joven mientras seas receptivo
a todo lo que es bello. bueno y grande,
pudiendo disfrutar de los mensajes
de la naturaleza del hombre y el infinito.

Si un día, cualquiera que sea tu edad,
tu corazón está mordido por el pesimismo,
torturado por el egoísmo y roído por el cinismo,
que Dios tenga piedad de tu alma de viejo

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Un campesino y su hijo - Antiguo concejo chino


Había una vez un campesino chino,
pobre pero sabio, que trabajaba
la tierra duramente con su hijo.
Un día el hijo le dijo:
-¡Padre, qué desgracia!
Se nos ha ido el caballo.
-¿Por qué le llamas desgracia?
-respondió el padre.
Veremos lo que trae el tiempo...
A los pocos días el caballo regresó,
acompañado de otro caballo.
-¡Padre, qué suerte!
- exclamó esta vez el muchacho.
Nuestro caballo ha traído otro caballo.
-Por qué le llamas suerte?
- repuso el padre.
Veamos qué nos trae el tiempo.
En unos cuantos días más,
el muchacho quiso montar el caballo nuevo,
y éste, no acostumbrado al jinete,
se encabritó y lo arrojó al suelo.
El muchacho se quebró una pierna.
-¡Padre, qué desgracia!
- exclamó ahora el muchacho.
¡Me he quebrado la pierna!
Y el padre,
retomando su experiencia y sabiduría,
sentenció: -¿Por qué le llamas desgracia?
Veamos lo que trae el tiempo!
El muchacho no se convencía de la respuesta
sino que gimoteaba en su cama.
Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey,
buscando jóvenes para llevárselos a la guerra.
Vinieron a la casa del anciano,
pero como vieron al joven
con su pierna entablillada,
lo dejaron y siguieron de largo.
El joven comprendió entonces que nunca
hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas,
sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo,
para ver si algo es malo o bueno.
La moraleja de este antiguo consejo chino es que
"la vida da tantas vueltas,
y es tan paradójico su desarrollo,
que lo malo se hace bueno, y lo bueno malo.
Lo mejor es esperar siempre el día de mañana,
pero sobre todo confiar en DIOS,
porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas.....



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